domingo, 10 de julio de 2011

¿A LA GENTE LE GUSTA QUE LA MALTRATEN?



En días pasados mientras almorzaba con un grupo de amigos, uno de ellos contaba una graciosa anécdota de sus inicios en el mundo laboral. Esta se llevó a cabo en el negocio de muebles de su padre, quien durante algún tiempo había dirigido con éxito una fábrica de mobiliario para oficinas.

El contaba que, uno de sus primeros proyectos, como cualquier ávido universitario recién egresado, era el cambiar el estilo algo “rudo” de su padre para dirigir a sus subordinados, pues de acuerdo a las nuevas tendencias de RRHH (que ya se le comenzaba a llamar “Gestión del talento humano”) indicaban que un approach más “humano y delicado” seguramente tendría inmediatos y lucrativos efectos en la rentabilidad de su empresa.

El experimentado empresario decidió dejarle esa tarea a su ávido y joven hijo universitario, permitiendo que se encargara del manejo de la gente, y la supervisión directa de las tareas y distintos proyectos, no sin antes lanzar una advertencia (que más sonaba a clarividencia) sentenciando que “A esta gente le gusta trabajar así, les gusta ser maltratados”.

Los resultados no se hicieron esperar. Casi de inmediato se pudo sentir un cambio en los empleados, luego de las constantes charlas motivacionales que el nuevo y joven jefe daba; aunque no fueron los objetivos que el esperaba. Las entregas comenzaron a retrasarse, los muebles que salían no estaban bien terminados y los costos por desperdicio de materias primas comenzaron a aumentar de manera vertiginosa. En poco tiempo el ávido y actualizado universitario se vió empleando el estilo algo “rudo” de su padre en la gestión, antes de que fuera empleado con él esa misma técnica de motivación a la inversa.

Suena a refrán popular, pero de acuerdo a la creencia general, nos gusta que nos maltraten y en muchos casos somos mal llevados por naturaleza, pero, ¿En verdad es esto necesario para alcanzar la máxima rentabilidad en un negocio?

De acuerdo a un artículo de la Ing. Lidia Moroni, de la Univ. De San Andrés, frecuentemente, las víctimas del abuso son psicológicamente débiles (baja autoestima, altos niveles de ansiedad, personalidad sumisa) o socialmente vulnerables (padres solteros, personas con rasgos físicos sobresalientes o personas muy dependientes).

El bajo nivel académico de nuestro país y las escasas oportunidades de formación a profesionales, sumado al poco interés de los trabajadores por superarse (aceptémoslo, es de parte y parte) los hace susceptibles a estos maltratos, sin poder entender que solo lo superarán una vez que decidan superarse a sí mismos.

Después de todo, padre e hijo tenían razón. Es más rentable tratar bien a los empleados (además de lo correcto, todos somos iguales al salir de la panza y al entrar en la caja) pero ellos aceptan el maltrato y lo que es peor, lo contrario lo toman como un signo de debilidad.

Quizás la nueva tendencia a desarrollar es educar y formar a los trabajadores, para conseguir mejores profesionales y crecer todos juntos. Algunas empresas ya lo hacen, entregando préstamos a sus colaboradores para que completen sus estudios de bachillerato, ingresen a una universidad, etc. Ojalá cada vez más empresas se sumen a esta práctica, que al final traerá beneficios para todos.

Aquí pueden leer más sobre el maltrato laboral:

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